Tuesday, December 19, 2006
imaginacion y fantasia
Sueño en una noche de verano
Llegamos al hotel después de caminar mas de media hora en busca de aquel otro que nunca hallamos. Pagamos y subimos a la habitación, los dos callados, yo queriendo decir tantas cosas pero sabiendo que no me iban a salir, porque ya lo había intentado. Entramos a la habitación y de volada, él se quito los Converse, creo que le dolían los pies de caminar, pobrecito. Yo me senté en la cama y me quite los míos con calma, nervioso aun. Cada uno se acostó en una cama diferente, creo que nos veíamos un poco chistosos así. Vimos la tele unos minutos, luego él dijo que se iba a bañar y se levanto. Pensé en ese momento, “lo acompaño? que rico un baño juntos…” pero no dije nada, me quede en mi cama y solamente asentí con la cabeza. Oía como abría la llave y se bañaba, y yo acostado, tenso de los nervios ahora. El momento había llegado, ese momento que tanto había deseado durante mi vida y ahora que estaba aquí, no sabia que hacer. Mis pinches fantasías no servían de nada. Me quede ahí, pensando que hacer, hasta que él salio del baño, sin camisa, mmmmm y solamente con un pantalón. Fue aquí cuando dije el comentario del condón y como en la cajita venia ilustrado. Se rió y se volvió a acostar en la otra cama, esperando inútilmente a que yo diera el primer paso. Vio que no lo iba a dar y se levanto, apago las luces, dejando solo la del baño prendida, para que iluminará tenuemente la habitación. En este momento me quite la camisa. Me dijo que le hiciera campito en mi cama y se acostó ahí, tapándose con la cobija. Yo me recosté del otro lado, y me arrope también. Luego, no recuerdo quien dio el primero paso, pero nos besábamos, rica y apasionadamente. Yo ya no recordaba lo rico que era besar, sentir unos labios contra los tuyos y una lengua jugar con la tuya. Es lo mas rico de todo.
De los besos avanzamos ya un poco mas rápido, bese su cuello, su cara, sus orejas, me fui bajando por su pecho y besando sus pezones, mordisqueándolos un poco. Gimió cuando hice esto, y me alentó a seguir. Mis manos recorrían su cuerpo, perfecto. Baje mi boca por su torso y llegue a su pantalón, lo desabroche un poco despacio y ví su bella hombría, larga y curveada. La bese por todos los ángulos posibles antes de meterla en mi boca, y saborearla. Sabia como había leído que sabia, un poquito amarguita y dulce a la vez, bien rico. La chupe mientras oía como gemía él, a veces retorciéndose. Y así fue por unos minutos, luego subí la cabeza y lo bese de nuevo. Y ahora él me volteo, para quedar sobre mi. Me beso el pecho, mis pezones, descubrí lo sensible que son. Me quito el pantalón, y vio mi miembro, ahora si bien duro. Lo tomo entre sus manos, con un tacto tan rico, sentí casi un desfallecimiento. Pero después, toco algo debajo de mi miembro, más debajo de mis… que me hizo brincar, se sintió así de agradable. Y luego vino lo mejor, me beso, y me tomo entre sus labios. Mmmm, aquí se me acaban las palabras para decir lo que sentí. Sentí como entraba en su boca, como me abrazaba, me envolvía en una calor perfecto y húmedo… luego subió, lamió un poco más y volvió a bajar. Así siguió por un ratito, después él levanto la cabeza, yo lo jale hacia arriba y nos besamos de nuevo. Sabía rico, tan rico como la fruta más prohibida, pero sin ese remordimiento de pecado. Le solté la boca, que antes abrazada y chupada y le mordía los labios y su arete, que hacía del beso algo más rico aun. Le solté la boca y le chupe el cuello, mordiéndoselo suavemente, baje por su pecho y le mordía los pezones, y oí como él gemía y decía “que rico”. Solo quería darle mas placer, volví a bajar por su cuerpo, mis manos recorriéndolo, conociendo cada rincón, cada pedacito de su piel. Llegue de nuevo a su ingle, y volví a tomarlo en mi boca, se sentía tan rico ahí dentro. Lo solté y baje a sus… y sentí sus manos, que querían tocarse y apurar el paso, pero con mi cabeza las aleje, no quiera que él hiciera nada, yo quería darle todo. Así seguí un rato hasta que él me jalo de nuevo hacia arriba y cambiamos papeles.
Ya después de un rato de sexo oral, él quiso mas, y me empujo contra la cama. Tomo uno de los condones, lo desenvolvió y me lo puso. Yo tenia los ojos cerrados, quiera saborear el momento. Se acostó el boca abajo en la cama, y me dijo que lo hiciera lentamente. Lo hice, se sintió tan rico, primero solo la punta. Pero no funciono muy bien, así es que nos fuimos a la regadera, abrió la llave para que saliera el agua caliente como nos gusta a ambos y nos metimos. Se agacho un poco, recargando las manos contra la pared, y me dijo “ ahora si”. Se la metí, otra vez lentamente, sintiendo como me abrazaba, me envolvía, me tomaba. Le besaba toda la espalda, tomando del agua que caía por ella, y dándole chupetones en ella. Lo único malo de esto fue que por mi altura, no se podía llevar a cabo bien el acto, entonces se subió a una bardita que había en la regadera y como que medio funciono así, pero mejor nos fuimos de nuevo a la cama. Ahí se volvió a acomodar debajo, yo arriba. Ahora si, entre y sentí como se debió de haber sentido Dios cuando primero creo al hombre. Sentí un placer tan agradable, tan rico, tan suave y fuerte a la vez, que no pude hacer mas que gemir de placer, gemir sin poder detenerme. Y solo pude hacer lo que él me pedía, porque él era el que me daba ese placer tan rico. Me dijo que lo hiciera rápido y lo hice, rápido, fuerte, desenfrenado.
Seguimos así un rato, luego ya, salí de él, y proseguimos con el sexo oral, tan rico. Nos cambiamos de lugar, me senté en una silla y él se hinco en el piso y me tomo, luego se paro y se puso a un lado y yo lo tome. Nos acostamos en la cama, la otra cama, e hicimos un 69, tan rico. Luego ya, nos pusimos lado a lado, y nos venimos, casi juntos, él primero y yo después. Cuando me vine, mis dos piernas temblaron sin parar, así de tan rico e incontrolable fue el placer, nunca me había sucedido algo así. Después de venirme, no me pude mover por un ratito.
Nos levantamos de la cama y nos fuimos a la regadera, a lavarnos. Nos bañamos juntos, bien padre. Luego, me salí, me seque y me puse un bóxer, no me gusta tanto dormir desnudo. Él salió un poco después, con una toalla a la cintura y de acostó a mi lado, desnudo. Lo abrace, lo bese de nuevo, y nos dormimos abrazados, cuerpo a cuerpo, sintiendo su calor junto a mi.
Monday, December 18, 2006
Esteban
La noche ya había caído sobre el mundo. Esteban estaba solo, recostado sobre su cama en su pequeño apartamento de un solo cuarto. No tenía sueño pero tampoco ganas de salir. No tenía ganas ni de vivir. Lo único que quería era volver a ver su vecino, ese joven que le atraía tanto pero que casi no veía. Solamente por él reunía las fuerzas cada mañana para enfrentarse de nuevo a la vida. Pero hace ya varias semanas que no veía ni rastros de él y ya andaba deprimiéndose. Cerro los ojos y se imagino a ese cuerpo divino frente a él, ese cuerpo tan bien formado que gritaba tócame. Justo en ese instante, alguien toco a la puerta.
Cuando se asomó por la rendija de la puerta para ver quien era, casi gritaba. Era su vecino, tan bien parecido como antes, el que estaba tocando. Se compuso, paso una mano por su cabello y abrió la puerta.
-¿Qué sucede vecino? ¿Qué te trae por estos rumbos?- dijo de la manera más natural y desinteresada que pudo. No quería que el viera su obvia atracción hacia el, ni el efecto físico que su mera visión causaba.
- Lo que pasa es que vengo llegando de ver a mi familia en… y me di cuenta que olvide las llaves. Ya es tarde para llamar al cerrajero y como no tengo de donde llamar ni a quien quería saber si me puedo quedar contigo esta noche. Te prometo que no causare molestias.-
Esteban imagino tantas escenas en esos dos segundos, la noche entera. El vecino tomo ese titubeo de la manera equivocada y dijo de nuevo.
-Si no puedes, que le hace. Busco a alguien más.-
-No, para nada, claro que no es ningún problema. Pásale y estás bienvenido a quedarte. Lo único es que, como ves, mi cuarto es un tanto pequeño y solo hay una cama, pero es lo de menos. Por cierto, soy Esteban- dijo al extender su mano.
-Mucho gusto, yo me llamo Alberto, pero todos me dicen Beto. En verdad que muchas gracias por esto - replico al aceptar su mano. Tal vez fue la imaginación de Esteban pero le pareció sentir que la mano de Beto tomaba la suya de una manera más suave de lo normal y que la sostuvo por un tiempo más largo de lo habitual. Decidió que fue su imaginación y retiró su mano.
-Que te parece si te acomodas, yo estaba por tomarme un baño. Ponte cómodo y saldré en unos minutos- dijo Esteban mientras tomaba la mochila de Beto que aún estaba en el pasillo y la puso sobre la cama. Luego fue a su cajonero y saco un bóxer/calzón negro, le gustaba que le quedaran apretados, tomo su pijama de donde la guarda debajo de su almohada y se metió a su pequeñísimo baño.
Beto se quedo sentado sobre la cama. Decidió tomarle la palabra a Esteban y comenzó a ponerse cómodo.
Mientras tanto, en el baño, Esteban se estaba terminando de duchar. Se secó con la toalla y se puso el bóxer y el pantalón; decidió no ponerse la camisa ya que a pesar de que no era verano aún hacia calor y para evitarlo dormiría sin camisa. Salió del baño y vio a Beto recostado sobre la cama, profundamente dormido. La cama era grande, entonces aún había campo para que Esteban se recostara pero antes de hacerlo, se detuvo a mirar a Beto.
La cara de Beto yacía sobre la almohada. Estaba recostado boca abajo, pero tenía la cabeza de lado; parecía ser que el también sentía el calor ya que se había quitado la camisa y solo estaba tapado con la sabana hasta la cintura. Esteban podía ver su espalda magnífica, ancha y musculosa; se podía ver que a pesar de que no hiciera ejercicio, se mantenía en forma. Su hombros se extendían en brazos bien torneados, con justo el músculo necesario para ser fuerte pero no demasiado como para parecer un oso. El pelo negro le caía sobre sus hombros, largo y liso, cubriendo parte de esas facciones que le parecían las de un dios griego. Los ojos hundidos, negro también como la noche; la nariz solo un poco redondita y los labios un poquito rosados. Todo en él parecían divinos.
Esteban se sacudió la cabeza para disipar esos pensamientos que empezaban a causar un efecto físico en él y apago la luz para recostarse en la cama. Cerro los ojos y a los cinco minutos ya se estaba quedando dormido cuando de repente, sintió una mano sobre su pecho. Momentos antes había oído que Beto se acomodaba y pensó que de seguro esa mano estaba ahí por accidente. Lo único que no sabía como hacerle para zafarse de ella, decidió girarse y ver si así se acomodaba mejor. Cuando giro hacía el lado, vio frente a el la cara de Beto, con esos ojos profundos viéndolo directamente a los suyos. No estaba dormido.
-Sabes, desde que llegue a este edificio, te he estado viendo. Eres una persona atractiva y como puedo ver, inteligente y sensible además.- y al susurrar esto, se acerco lentamente, la luz de la luna entraba por la ventana e iluminaba su cara, y con sus labios rozo suavemente los labios de Esteban. Este se sorprendió al sentir esos labios que tanto había soñado y al notar como una ola de placer recorría su cuerpo, soltó un gemido pequeño. Beto pensó que algo no andaba bien y retiró sus labios, abriendo ojos para ver que sucedía; al ver la cara de Esteban, los ojos cerrados, los labios un poco entreabiertos y un gesto de placer total en ella, esa nariz tan perfecta, esas pestañas grandísimas y ese pelo café que se resistía al peine. No se aguanto más y se volvió a acercar, ahora no solo rozando los labios sino plantando un beso apasionado.
Los labios de Esteban se abrieron para recibir el beso, ese beso tan deseado de hace meses. Ambas bocas se fundieron en una sola, las lenguas combatían entre si, jugaban a la ofensiva y a la defensiva, iban y venían, concentrándose solamente en darle placer al otro. Las manos de Esteban tocaron la espalda ancha de Beto, acariciando cada músculo, memorizándose cada rinconcito de piel. De lo profundo de su garganta emitió un gemido largo e intenso que aumento las sensaciones de ese beso pasional.
Luego, como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos se separaron del otro; Esteban tomo la cabeza de Beto en sus manos y miro largamente en sus ojos.
-Eres perfecto. Hace tanto que te veía y no me atrevía a hacer nada. Ahora te tengo, eres un regalo divino. Tus ojos, tu boca, ahhh, todo tu es tan bello. Ven aquí.- dijo Esteban y tomo la cabeza de Beto en sus manos, jalándolo hacia el, succionando su boca con la suya mientras se fundían en otro beso. Las manos de Beto salieron de debajo de la sábana y se acercaron a la espalda de Esteban, acariciando cada pedazo de piel. Poco a poco se dirigieron hacia abajo, rozaron por encima al pantalón de pijama que cubría la parte baja del cuerpo luego volvieron al frente y comenzaron a tocar el vientre, subiendo hasta el pecho de Esteban. Este soltó otro gemido largo y profundo y dio un giro, quedando arriba de Beto, sentado sobre su región baja.
Comenzó a besar su cuello, dando suaves mordidas mientras se dirigía hacia sus orejas. Al llegar, dio un leve soplido y sintió como Beto se retorcía bajo su cuerpo. Al dar un pequeño mordisco en el lóbulo izquierdo, oyó escapársele ya no un gemido sino un pequeño grito y un ayyy; bajó su boca mientras seguía dando besos por todo el cuello, lamiendo cada cuevita que se formaba mientras este se retorcía. Llego al pecho y decidió dirigirse al lado derecho, donde prosiguió a chupar el pezón de Beto, mordiendo la pura puntita.
-Sigue, no te detengas. Ahh, que rico. Tus labios, tu lengua es tan deliciosa. Eres lo mejor, sigue.- dijo Beto mientras que con sus manos acariciaba la espalda de Esteban, estirándolas hasta donde le alcanzaran para tocar cada rinconcito de piel. Él por su parte, seguía saboreando el pezón de Beto, solo que ya se había movido al izquierdo. Cuando termino de lamerlo, comenzó a besar de nuevo todo el pecho y se dirigía poco a poco hacia abajo, mientras que con sus manos acariciaba a través de la ropa interior. Llegó al ombligo y lo lamió todo, saboreándolo como si fuera el dulce más rico del mundo, luego se dirigió más hacia abajo. Con sus manos, retiro lentamente la prenda que cubría su premio y suspiro al verlo. Era perfecto, largo pero no tanto y ancho al perfección, con la cabeza hinchada de tanta excitación.
Soplo levemente y vio la reacción violenta de Beto, se retorció totalmente en la cama. Se acerco más y toco la puntita con la lengua luego bajo, lamiéndolo todo como si fuera un dulce, este si el dulce más delicioso de todo el universo. El sabor masculino y distintivo pero no fuerte excitaba a Esteban y lo incitaba a lamer más. Ya no se aguanto y lo tomo todo en su boca, sintiendo como Beto se estremeció y escuchando su respiración que de pronto se volvió rápida e intensa. Succionó más y más hasta casi tragársela toda, luego se detenía y esperaba a que Beto se calmara, no quería que esto acabara tan pronto. Levantaba la boca y con sus labios acariciaba la cabeza, su lengua trazando círculos y formas y divirtiéndose al escuchar los gemidos agudos de Beto
-¡Me estas volviendo loco! ¡Qué ricoooo! ¡Ah!-
Y Esteban seguía lamiendo y chupando mientras sus manos recorrían el torso de Beto y pinchaban suavemente sus pezones, primero el derecho y luego el izquierdo, luego bajaban y acariciaban su pecho, su abdomen, todo él. Cuando ya sintió que Beto se venía, se detuvo y se alejo, jadeando el también de la excitación. Sonrió con los labios húmedos, una sonrisa de satisfacción y felicidad, y miro a los ojos de Beto, que ya dejaba de contorsionarse en la cama. Este solamente le vio los ojos un segundo y se lanzo sobre el, boca con boca, succionándoselo todo. Sentía un hambre que jamás en su vida había sentido, era un deseo que le quemaba las entrañas y le hacía dar vueltas la cabeza. Solo con besar a Esteban se aplacaba, solo con sentir sus lenguas juntas, sus manos recorriendo el torso desnudo de Esteban, luego su espalda y el pantalón de la pijama que aún traía puesto.
Ambos se retorcían en la cama, dando vueltas pero ahora, Esteban quedo debajo de Beto; este se hallaba sentado sobre sus piernas mientras que con su lengua dejo de besar y comenzó a lamer todo el cuello, las orejas, el pecho de Esteban. Gemidos leves se le escapaban mientras sentía esa lengua tocar su piel, esa sensación de placer tan inmenso que no se igualaba con nada. Quería que esa sensación nunca acabara, que fuera eterna para así estar en el cielo mismo. Ahora Beto lamía sus pezones, mordiéndolos con una suavidad que multiplicaba al cien la sensación del placer para ambos, mientras sus manos recorrían el pantalón de Esteban y sentían como sus caricias hacían efecto en él. Beso más y más abajo por el pecho de Esteban, tratando de saborear cada centímetro, cada pedacito de piel, impregnándose de su olor, de su sabor tan especial y único. Sus labios rozaron su ombligo y sintió como Esteban se retorció, al parecer había tocado un punto sensible. Lo recordó y siguió más y más abajo.
Con sus dientes, poco a poco fue quitándole el pantalón, hasta quedar solamente en sus boxers negros, apretados, estirados a más no poder, parecía una pirámide egipcia alabando al Sol creador. Comenzó a chupar y a lamer a través del boxer, causando el efecto que deseaba al sentir como Esteban se estremeció y gimió más fuerte, soltando una bocanada de aire.
-Hazlo ya, ¡no aguanto!- jadeo Esteban y en verdad, no sabía cuanto más aguantaría, esos labios y esa lengua que lo acariciaban eran demasiado, su cuerpo ya no reaccionaba a su mando. Beto quito el boxer rápidamente, ahora si desesperado por conseguir lo que quería, que era saborear completa y definitivamente a Esteban. Cuando vio su miembro, duro y pulsante, esperándolo solo a él, fue él el que gimió de placer, de ver lo que tantas noches y días había deseado. La cabeza estaba roja de anticipación de sentir algo rozándola y Beto no se detuvo ni un momento más, se abalanzo sobre su premio y con su lengua lamió toda la punta, sintiendo como ahora Esteba se retorcía bajo su toque. Luego bajo su lengua y lamió todo el miembro, como si fuera la el dulce más rico de todo el mundo; su mano tocaba el pecho de Esteban, acariciando sus pezones suavemente, y la otra tocaba sus genitales, jugando con ellos y sabiendo que le causaba olas de placer a Esteban.
-Eres lo mejor, que ricoooo. Ahh, sigue, no te detengas. Cómetela toda, Ahhhh, que ricooo.- jadeo Esteban al sentir como los labios de Beto se posaban sobre su cabeza y luego poco a poco empezaba a tomar todo su miembro en su boca. Cuando ya lo tenía casi todo, se detuvo, saboreo el momento y luego comenzó a en verdad mamarle el miembro, todo esto mientras seguía acariciando sus genitales y sus pezones. Esteban estaba más allá de si, se había entregado al placer y ya no sabía que hacía, solo que las sensaciones que ahora recorrían su cuerpo eran más qe perfectas y jamás las había sentido, o por lo menos así de fuerte. Su mente se había detenido, su cuerpo estaba en control, dirigido por su corazón.
-Si sigues así, ahhh que rico. Si sigues así, me vendré pronto, de por si ya lo siento venir.- Beto solo contesto con un gemido profundo que solamente hizo que las sensaciones de Esteban aumentaran más, si eso era posible. Lamía y chupaba, luego se detenía para mover su lengua sobre la cabeza y luego bajar más y tomar más y más de ese pedazo de carne tan rico que le satisfacía. Todo era perfecto, ahora tenía lo que tantas veces había deseado y estaba disfrutándolo. Siguió lamiendo y sintió como un calosfrío recorrió el cuerpo de Esteban, ya mero llegaba. Chupo más y más rápido y sintió como los genitales que acariciaba respondieron, luego solo escucho…
-Beto, te juro que eres lo mejor, ya no aguanto… me vengo…. Ahhhh!!!- y con esas palabras, soltó un verdadero río de su leche en la boca de Beto, que esperaba ansioso su premio y con calida boca lo recibió. Se lo trago todo, y quedo más que satisfecho, sintiendo como lentamente la respiración le regresaba a Esteban y como su cuerpo dejaba de moverse, se relajaba y se detenía. Tenía un sabor fuerte y agradable, un sabor que lo cautivo y lo atrapo mientras inundaba su boca.
Esteban vio colores y formas que jamás había visto, sus ojos se nublaron totalmente al sentir lo que estaba sintiendo. Vio estrellas explotando, liberando así como él su energía. Después comenzó a escuchar, sonidos que jamás sabía que existieran, fue consciente de cada respiración suya y de Beto, cada ruido que hacían sus movimientos.
Beto se quedo unos minutos más en esa posición, luego termino y se incorporó, acostándose al lado de Esteban, quien lo tomo en sus brazos y lo beso con una energía increíble, mientras sus brazos lo rodeaban y sus manos le sostenían la cara.
-Eres increíble, Beto. Desde aquella vez que te ví por primera vez, sentí algo por ti. Pero nunca me atreví a decirte nada. ¿Tú también sentías algo por mi? Cuando tiempo perdido. Pero tú, oh, tu eres lo mejor, jamás había sentido algo así, mi cuerpo no me responde del placer que ha recibido. Pero… tu no te has venido… eso no está bien, tendré que hacer algo para remediarlo…- dijo Esteban mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro y sus manos jugaban con el pene duro y viril de Beto. Beso su cuello, sus hombros, su pecho. Se detuvo en sus pezones, rosados y pequeños, que estaban erectos y atentos. Lamió suavemente y mordió, causando un salto de placer y pasión de Beto. Las manos de Esteban bajaban, recorriendo toda la espalda ancha y musculosa de Beto, sintiendo el poder que latía dentro y que ansiaba salir. Bajaron hasta sus nalgas, esos músculos tan perfectos y suaves, cubiertos con un vello tan fino que ni se veía. Beto sentía estas caricias y su cuerpo se volvía loco. Quería más, quería tocar y sentir cada pedazo de piel de Esteban pegada a la suya.
Esteban seguía lamiendo su pecho y bajaba hasta su ombligo y más abajo,
tomando su pene erecto y circuncidado en su boca. Quería saborearlo todo, pero más que eso, quería humedecerlo, mojarlo todo y prepararlo para lo que seguía. Se lo metió todo en su boca y lo saboreo de nuevo, maravillado ante este sabor tan exquisito y divino. Lo soltó solo para decir…
-Tómame Beto. Esto te doy, este es mi regalo, soy todo tuyo…-
Sin decir una palabra, solo mirándolo a los ojos, Beto se incorporo en la orilla de la cama y Esteban se sentó en su regazo, lentamente sintiendo como Beto lo invadía y le causaba una ola de placer con cada milímetro de penetración. Ambos contenían la respiración, disfrutando de este momento de unión donde sus cuerpos se hacían uno solo, esa fusión divina que los antiguos veneraban y celebraban como sagrada.
Esteban bajo su cara, que había estado elevada al techo en éxtasis total, y beso a Beto, invadiendo su boca de la misma manera que Beto lo invadía a él. Se sentó totalmente y permaneció allí, en inmovilidad total y unión perfecta.
Beto se movió ligeramente y Esteban tomo esto como una señal de avance, rompiendo con la pasividad pero creando verdadero tsunamis de placer para ambos. Comenzó un rítmico meneo de ambos, una verdadera excitación de placer. Siguieron así durante minutos, quien sabe cuantos, hasta que ambos por decisión unánime y solo con una mirada, se acomodaron sobre la cama; Esteban de lado y Beto detrás de él. De nuevo, esa dulce penetración, después de los momentos de vacío en donde Esteban se sintió desfallecer. Adelante, atrás; ambos se movía en placer continuo.
Beto sentía tan rico y sabía que no iba a durar mucho, no con este placer tan inmenso. Este movimiento y más el contacto tan añorado con Esteban lo iban a hacer que se viniera pronto.
-Esteban… ya mero me vengo… eres lo máximo…- dijo entre jadeos.
Esteban solo respondió con un gemido profundo y se acomodo mejor, moviéndose más hacía atrás para tomar más de Beto en él. Éste siguió moviéndose más y más rápido, hasta explotar dentro de él.
Supernovas, galaxias enteras explotaron ante sus ojos cuando se vino, soltando su dulce río de semen dentro de Esteban. Fue tanto el placer que no se pudo ni mover, quedo sumiso totalmente ante la ola de placer y éxtasis que lo había invadido. Así permanecieron ambos durante un tiempo, mientras su respiración agitaba regresaba y sus cuerpos volvían a ser suyos, sus almas regresando de ese viaje de placer a donde se había ido.
Beto se inclino y beso a Esteban, ya no con furia y frenesí, sino con una suavidad y un cariño total. Se acomodo sobre la cama y abrazo a Esteban con ambos brazos, éste se acomodo más hacía él y ambos se durmieron así, abrazados y en total felicidad.